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  • Foto del escritorIram Cabrera

Antimonumento Ayotzinapa

En la Ciudad de México sobre el cruce de avenida Reforma y las calles Bucareli y Juárez se encuentra una marca roja, son 3 estructuras grandes que reposan sobre una base de metal con la frase “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, un símbolo de suma (+) acompañado de dos números 4 y 3.

En abril del 2015 estas estructuras fueron colocadas por un grupo de padres de familia con el fin de recordarle al gobierno, a la gente que habita y visita la Ciudad de México que hay una causa pendiente, una lucha vigente que debe hacerse visible y mantenerse presente.

La estancia de estas estructuras es indefinida, el día que lo develaron, los padres anunciaron que se retirarían cuando la vida de sus hijos estuviera de vuelta y se castigara a los responsables. Han pasado 7 años de la desaparición y 6 años 4 meses de la llegada de estas estructuras y siguen de pie.

En estos 6 años en los que ha permanecido sobre Paseo de la Reforma, el antimonumento -como lo llamaron los padres- ha sido testigo de marchas pidiendo justicia por los desaparecidos, por los feminicidios -en general- por una garantía de seguridad para toda la sociedad.

En el 2018 se añadió un acompañante a estas estructuras, una tortuga que carga en su caparazón 43 pequeñas tortugas representando a los 43 normalistas asesinados en septiembre del 2014. -Se preguntarán- ¿por qué una tortuga representa esta lucha?

Los 43 normalistas pertenecían a la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, mejor conocida como la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, ubicada en el municipio de Tixtla, Guerrero.

Ayotzinapa proviene del náhuatl y significa “lugar de las tortugas”, es por eso por lo que los padres y alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa eligieron a la tortuga como acompañante y símbolo de su lucha y exigencia de justicia.

¿Qué hay detrás del +43?

El antimonumento nació como consecuencia de uno de los crímenes de estado más graves de los últimos años en la historia de México.

El antimonumento sabe que no está solo y que no es el único de su especie, que tiene dos compañeros que lo acompañan en la lucha y están ubicados en Zihuatanejo y Acapulco, Guerrero respectivamente con el mismo objetivo, visibilizar lo acontecido aquel 26 de septiembre del 2014.

El 26 de septiembre fueron desaparecidos y -se presume- asesinados 43 estudiantes normalistas de la Normal de Ayotzinapa, fueron perseguidos y secuestrados por la policía y el ejército mexicano en el municipio de Iguala, Guerrero.

Los estudiantes se dirigían a la Ciudad de México a marchar para exigir justicia por el asesinato de estudiantes el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Como cada año, los estudiantes tomaron autobuses de la Central Camionera sin saber que sería el último que abordarían en sus vidas. Tras la difusión del evento represivo por redes sociales y medios de comunicación, la población se movilizó clamando ¡Justicia!

Tras meses de una exhaustiva investigación -o así lo llamaron los encargados del gobierno federal- se dio una versión histórica, donde se decía que los estudiantes habían sido secuestrados por grupos del crimen organizado y que habían sido incinerados en el basurero de Cocula.

A pesar de que las pruebas eran dudosas y se había cuestionado la credibilidad de dicha “verdad”, el gobierno federal comandado en ese entonces por -el mexiquense- Enrique Peña Nieto, dio carpetazo al asunto y decidió confiar en que “el tiempo lo cura todo” incluso las mentiras cínicas de su gobierno.

Como protesta ante esta tomada de pelo por las autoridades, los padres de familia y alumnos deciden darles vida a sus hijos a través de estas estructuras color rojo (+43) que permanece estática esperando la justicia.

¿Cómo ha sido la estancia del +43?

Al estar en una de las avenidas más concurridas de la ciudad, entre turistas, ciudadanos, peatones y automovilistas, el antimonumento se mantiene erguido, intacto, habrá algún despistado que no sepa a que hace referencia y se acerque a verlo con gestos de duda, otros que conozcan su historia se sensibilicen y enojen cuando lo rodean, sin embargo, parecen ser más los que lo pasan de largo, como si no tuviera relevancia.

Aunque pareciera que no tiene vida y que va quedando en el olvido, el antimonumento sobrevive los meses de enero a agosto, y de octubre a diciembre, esperando cumplir con la misión de mandar el mensaje de resistencia mientras llega septiembre para sentirse acompañado y respaldado por miles de voces que claman ¡Justicia! Para su caso.

Cada 26 de septiembre, el antimonumento se prepara para recibir la atención y los flashes de las cámaras, la gente se da cita en el Ángel de la independencia -un amigo lejano con el que comparte la avenida- para iniciar la marcha que recuerda el motivo de su estancia en el cruce de Reforma con Bucareli y Juárez.

Termina la jornada y el antimonumento vuelve a su calma, acostumbrado al ruido de los automóviles y el bullicio de las personas, ve pasar frente a él cientos de personas, momentos y atardeceres de manera monótona e incluso indiferente.

Un poco agobiado y cabizbajo se pregunta ¿cuándo acabará?, ¿cuándo podrá conocer otros paisajes, otras personas?, -no porque Reforma sea feo- sino porque está molesto, molesto de tener que seguir firme esperando alguna respuesta que le permita por fin liberarse y volver a su tierra con su gente.

Así son los días para este antimonumento, tristes, angustiantes, llenos de incertidumbre, cubierto por la sombra de la impunidad y la barbarie de un Estado mexicano que perpetra crímenes contra estudiantes, contra sí mismo, y que continua en busca de la normalidad apostándole a la poca memoria de sus habitantes.

¡Ayotzinapa vive, la lucha sigue!

La larga estancia de la tortuga y sus 3 compañeros de color rojo parecía valer la pena cuando el entonces candidato a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador se comprometió con los padres a reiniciar las investigaciones, encontrar y castigar a los verdaderos culpables.

A 3 años y 4 meses de la entrada del presidente, Andrés Manuel López Obrador, la tortuga y sus acompañantes permanecen en Paseo de la Reforma mientras las autoridades inician las investigaciones desde cero para poder obtener algún indicio que les indique donde están nuestros 43 normalistas.

Cada año que pasa y en cada marcha que se realiza la tortuga y el +43 son testigos de uno de los pases de lista más tristes, la multitud se junta a su alrededor y a una sola voz se escucha lo siguiente:

“1,2,3,4,5,6,7,8,9,10…33,34,35,36,37,38,39,40,41,42,43 ¡Justicia!, ¡Justicia!, ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, ¡Ayotzinapa vive, la lucha sigue!”.

Un pase de lista que eriza la piel de quien lo escuche y retumba las estructuras de los monumentos y antimonumentos ubicados en esa gran avenida, un pase de lista que enoja, frustra y recuerda el peligro que implica ser estudiante en nuestro país.

A tan sólo unos meses de que se cumplan 8 años de la desaparición forzada por parte del ejército mexicano, la sociedad mexicana ya se acostumbró a la presencia del antimonumento, y -según nos cuenta- ahora se utiliza como punto de reunión -te veo en el antimonumento de ayotzi-, -estoy justo frente al antimonumento de los normalistas- son las palabras que mas escucha durante el año.

Expectante de las nuevas investigaciones, espera -a veces paciente y otras no tanto- conocer el paradero de las personas que le dieron vida, no es que esté cansado de existir, es que está cansado de ser un caso más a la lista negra de la impunidad mexicana.

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